viernes, 19 de mayo de 2017

POLICÍA MUNICIPAL, ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

EL TRASFONDO DE...

Por Staff de Trasfondo

Mientras los políticos de diferentes partidos tratan de ponerse de acuerdo en si debe o no existir una policía única estatal, lo que no significa otra cosa que la desaparición de las policías municipales, en algunas entidades, como en el caso concreto del estado de Guerrero, la realidad ya los ha rebasado. Las policías municipales ya han desaparecido, en los hechos, excepto que sigue habiendo individuos armados que tienen el nombramiento como tales, cobran como tales, se visten como tales y consumen recursos federales como tales, cuando en la práctica ya no operan. Con la única honrosa excepción de la policía turística de Acapulco, que sí existe y sí se justifica, veamos por qué.
No hace mucho leímos que en Chilpancingo un hombre fue detenido por la policía federal, por enseñar sus genitales afuera de una escuela secundaria. Eso antes se llamaba faltas a la moral y era la policía municipal la que hacía la aprehensión, ahora resulta que esa falta antes administrativa, se ha convertido en un delito federal, a cargo de la policía federal.
En Acapulco, mientras tanto, el pasado viernes por la noche, ocurrió un pequeño choque por alcance entre dos autos particulares y quienes se hicieron cargo del asunto, delimitaron el área, pusieron señales y dieron vialidad, fueron soldados del Ejército mexicano. Antes, ese era trabajo de la policía vial, perteneciente a la policía municipal. Ahora, un choque en la costera es cuestión federal.
La semana pasada, dos días distintos llegaron a una escuela primaria de Acapulco, oficiales de la Gendarmería a jugar un partidito con los niños, a hacer una marcha con su banda de guerra y a darles una plática sobre orden y civismo. No hace mucho, eso también era tarea de la policía municipal. Ahora lo hace la Gendarmería nacional.
Son solo tres botones de muestra de que las policías municipales de Guerrero han sido completamente rebasadas, con ley o sin ella, con mando único o sin él, desde hace meses, partiendo, en el caso de Acapulco, desde la administración municipal anterior que acuarteló a los uniformados locales, les negó todo tipo de prestaciones y dejó la ciudad abandonada a su suerte (bueno, no tanto así, en realidad, florecieron las empresas de seguridad privada, una de ellas de un empresario que quiso ser alcalde y otra más de reciente creación, del propio alcalde entonces en funciones. El busines es primero, of course).
Se ha ido mentalizando a la gente, incluidos los niños de las escuelas, que los soldados, marinos y policías federales son mejores que los municipales, porque éstos últimos están coludidos con el crimen organizado y con eso de que se ha sembrado la idea de que todo lo que pasa es culpa del crimen organizado, entonces son los federales y si acaso los estatales quienes pueden hacerse cargo de la situación, aunque en realidad eso resulte ser una falacia y el crimen organizado se convierta cada vez más en un fantasma, al que se adjudican incluso lonas o mantas con mensajes, muchas veces claramente vinculadas a manos de políticos, con denuncias concretas hacia autoridades o empresarios.
Así las cosas, da la impresión de que las policías municipales son un adorno costoso, una reliquia de la antigüedad democrática, pues no tienen ni la capacitación, ni el equipamiento, ni el marco legal, para hacer frente al monstruo al que se hace responsable de todo: al crimen organizado, por lo cual sólo resta adecuar la ley para desaparecerlos formalmente y que los recursos que ahora se destinan esas corporaciones de papel, sean destinados a una sola corporación estatal, que igual, sin embargo, no se ha mostrado hasta ahora inmune a la tentación de pactar con el crimen organizado, como tampoco ha convencido la policía federal o los mismos soldados, a los cuales sospechosamente se les escapó el líder del cártel de los rojos cuando lo tenían rodeado en Chilapa; en tanto que hay policías ministeriales (estatales) señalados de estar relacionados con el crimen de una mujer, entre otros delitos.
De tal manera que hay quienes creen que la famosa certificación obligatoria de los policías municipales, es en realidad una forma de deshacerse de ellos con un argumento aparentemente válido. Y digo aparentemente válido, porque durante muchos años se ha sabido del consumo de estupefacientes entre las tropas y en la propia Marina y nunca ha sido ese un argumento para desconfiar de su desempeño y ahora, en cambio, si es suficiente para descalificar a un policía municipal.
Pero eso sí, cada vez que las cosas se salen de control, como acaba de ocurrir en Tierra Caliente, funcionarios estatales y federales del más alto nivel salen a culpar a los alcaldes, diciendo que son ellos quienes no cumplen con su labor preventiva, cuando todo mundo sabe que aunque quisieran no podrían. O ¿acaso alguien cree que la policía municipal de Totolapan, por ejemplo, frenar al Tequilero o al Pez? O, más aún, que La Barbie o Beltrán o el Señor de los Cielos, que disputan Acapulco ¿podrían ser frenados por la policía municipal de esta ciudad? Es claro que no y que cuando culpan a los alcaldes no es más que para afectarlos políticamente, no porque realmente les preocupe recuperar el orden o la paz.
Ah, y cuando salen a buscar capacitación, acuerdos, ejemplos, en ciudades latinomaericanas que han salido exitosamente del  problema (y salir no quiere decir que la violencia desaparece totalmente), como las ciudades visitadas recientemente por el primer edil de Acapulco, Evodio Velázquez Aguirre, las altas esferas de gobierno les azuzan a la jauría; se les acusa de haber ido a pasear, de no atender los problemas de su ciudad, dando la impresión de que en realidad se sienten preocupados, en vez de estar contentos, porque un alcalde busque una solución de fondo a un problema de fondo que la experiencia local no ha podido erradicar.
Lo que haría falta, y no se hace, es certificar también a la clase política que nos gobierna, pues ya son muchos los señalados de tener nexos claros o no tanto, con los grupos criminales y no solo de uno de los poderes.
¿O no?
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