jueves, 15 de junio de 2017

Astudillo, el PRI y sus enredos rumbo al 2018

Por Erasmo Riveramelo


El gobernador Héctor Astudillo se ha tomado muy en serio su papel de jefe político del PRI en el estado de Guerrero, aunque él mismo tenga como jefe a un guerrerense que radica fuera de la entidad y ocupa uno de los más altos cargos en la administración pública federal.
En su papel de primer priista el mandatario estatal encabeza una férrea lucha por ganar el municipio de Acapulco y en esa lucha ha estado cometiendo tales errores que le pueden representar justamente lo contrario, terminar como el gobernador tricolor que desperdició la oportunidad abierta por el reposicionamiento del PRI a nivel nacional y en vez de salir victorioso ser derrotado en este puerto.
Astudillo pretende ser quien determine al candidato en este municipio y no es descabellado, pero lo está haciendo estableciendo una alianza, que suena a subordinación, con René Juárez Cisneros, actual subsecretario de Gobernación, abandonando para ello a su proyecto original el joven notario público Robespierre Robles Hurtado, a quien sacó de su administración aprovechando los infantiles errores en su manejo de imagen.
Una vez abandonó a Robespierre, el gobernador abrazó la figura del diputado Ricardo Taja, cuadro recién adquirido por Juárez Cisneros, cuyo nombre se maneja entre los priistas como el seguro candidato y quien ya se porta como tal. En el desamparo dejó a Fermín Alvarado Arroyo, presidente del comité municipal tricolor en el puerto a quien usa como esparring para denostar al alcalde Evodio Velázquez, así como al doctor Alejandro Terán Porcayo, quien estuvo cerca de ganar la elección anterior.
El problema de Astudillo es su relación con el priista que tiene casi todas las canicas en Acapulco: Manuel Añorve Baños, pues un tanto contra su propia voluntad se ha ido alejando cada vez más, empujado por el odio irracional que al político de Ometepec le tiene el moreno de La Laja y, para congraciarse con Juárez (para fortalecer su alianza, dicen los de su cuarto de guerra) ha estado alejando al ex alcalde de Acapulco de ojos verdes, al grado de que lo ha dejado de invitar a sus eventos, a donde sin embargo Manuel Añorve llega invitado por funcionarios federales cuya amistad ha ido más duradera que la de Astudillo, situación que mantiene en vilo a los pocos añorvistas que aún se mantienen en el gabinte estatal, quienes tiene terror de ser vistos en público con su jefe político y hasta de hablar con él por teléfono, pues no saben a qué hora les caerá la guillotina astudillista-renejuarista.
Taja Ramírez era añorvista y traicionó a su amigo para obtener la gracia de René Juárez y ahora tiene la de Astudillo, se supone que es un aspirante fuerte. En el seno del PRI no tiene problemas para ser candidato, pues ese partido está controlado por el renejuarismo, el problema es que, quienes conocen algo de posicionamiento de fuerzas políticas en Acapulco saben que ningún candidato priista ganaría si no tiene el respaldo de Añorve, cuya esposa, Julieta Fernández de Añorve no se ha dejado de mover y mantiene una actividad intensa a nivel territorio, lo cual la pone en una posición bastante competitiva, en el terreno, aunque no lo esté en el terreno de las alianzas por grupos, pues ella dificilmente sería apoyada por René Juárez.
Aún más, se dice que Juárez pretende hacer un cambio de jinete de última hora y colocar en la pista al secretario de turismo estatal Ernesto Rodríguez Escalona, quien no está conflictuado hasta ahora y ha hecho calladamente su trabajo y no sería mal visto por el propio Añorve, pese a su fierro renejuarista, pues ha mostrado ser un político razonable y no ha traicionado a nadie.
El problema es que el gobernador está apostando todas sus canicas a Taja y que l está haciendo una precampaña que deja muchos huecos, en primera pasa por defenestrar al alcalde Evodio Velázquez, apoyándose en algunos ex funcionarios que tienen medios de comunicación para hacer resaltar la situación de violencia en el puerto, lo cual en realidad representa un tiro en el pie, pues la situación de alta criminalidad en Acapulco es también responsabilidad del gobernador que no ha cuajado una ´política clara en esa materia y se la lleva de ha muertito mientras las autodefensas y grupos delincuenciales hacen y deshacen. Es esa campaña que el gobernador trae contra el alcalde de Acapulco, para debilitar al PRD y abrir camino al PRI en 2018, la que le ha representado duros golpes en el escenario nacional al propio Astudillo, más que a Evodio.
Otro yerro que parece de primaria, es la puesta en boga por su equipo de imagen de la frase Construyendo el nuevo Guerrero, copia de la de Evodio, Construyendo el nuevo Acapulco, por la que se dice pagó una cantidad bastante fuerte a quienes tuvieron la creatividad de piratearse la frase evodista en vez de crear la propia.
Todo ello pinta un panorama en el cual se avizora un mal resultado para el gobernador Astudillo, alejado de Manuel Añorve, aferrado a René Juárez (cuya suerte por cierto, está cerca de cambiar para mal en el gobierno federal) y haciendo una política atrabancada y propiciando el debilitamiento del PRI en Acapulco, empujando prácticamente, a que las huestes añorvistas busquen desde ahora un candidato externo al cual apoyar, lo que le abre expectativas a personajes de otros partidos o sin partido, que ni soñaban con poder ganar una elección en Acapulco.
¿Quienes son esos personajes y qué papel juegan en ese contexto Morena, el PRD, MC, PAN y candidaturas independientes? lo diremos en la próxima entrega.



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