domingo, 6 de agosto de 2017

Acapulco, demandas sociales y cambios institucionales.


  • Por: Esteban Valdeolivar S.
 El rápido proceso de urbanización, la disminución de las expectativas de crecimiento económico, la preocupante ocupación irregular del suelo, el deterioro progresivo del medio ambiente, la precariedad de los sistemas de planeación municipal, entre otros factores que influyen e inciden de manera considerable en la agudización de los profundos desequilibrios regionales que padece el país debido a un crecimiento irracional y altamente costoso.
 Este fenómeno, ligado a la pertinaz secuela de requerimientos básicos en materia de equipamiento y servicios públicos, acumula ya importantes rezagos difíciles de revertir, al menos, en el mediano plazo. En estas circunstancias se desencadenan presiones y conflictos sociales de mayores alcances. Ahora bien, si se agrega a este contexto el problema de la generación de empleos mal remunerados, el deterioro de los niveles de bienestar social y astringencia financiera del gasto público, la eficacia social del quehacer institucional y político de los gobiernos municipales se ha visto severamente limitada. Ello aparejado también al surgimiento de sentimientos sociales ligados a la desconfianza, el incumplimiento o, incluso, a la exclusión de los escasos beneficios que se generan en los programas gubernamentales.
 Desde esta perspectiva, los retos de la sociedad ante el acelerado crecimiento urbano y las secuelas de la actual crisis económica en la calidad de vida son enormes. Aquí las formas tradicionales no democráticas para la formulación y ejecución de políticas públicas se encuentran en el centro del debate político de una sociedad más participativa, lo que nos obliga a desarrollar métodos y formas de gestión alternativas que partan de la sociedad y hacia ella se destinen sus bondades.
 Este asunto conduce a reflexionar en torno a una disyuntiva interesante en el tratamiento político de los nuevos desafíos municipales. Por una parte, se tata de atender las demandas sociales a través de procedimientos clientelares e incluso patrimonialistas en un afán estrictamente electoral o, por otra parte, se trata más bien de diseñar y ejercer accione de gobierno como producto de un sistema de planeación institucional participativo que garantice a la ciudadanía el ejercicio responsable y transparente de las políticas públicas. La cuestión constituye, por muchos motivos, un aspecto toral en la centralización de la vida nacional como requisito indispensable para impulsar los cambios necesarios hacia un esquema de desarrollo sustentable y equitativo.
 Por estas razones, resulta comprensible la importancia que actualmente reviste el estudio de la administración pública para el desarrollo municipal. La empresa no es fácil, pues presupone la consolidación de un andamiaje teórico interdisciplinario y una persistente labor de registro y sistematización de las evidencias empíricas que han probado su eficacia en la promoción de modelos, técnicas y métodos de gestión orientados hacia el diseño de sistemas municipales para el desarrollo y el cambio planificado o deseado.
¡Gobernar no es de ocurrencias!
Como siempre, usted tiene la mejor opinión.

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