Gallery

header ads

El Rancho Izaguirre: Un "Auschwitz mexicano" bajo la mirada indolente del poder


Julio Zenón Flores

México, 18 de marzo de 2025. En las entrañas de Jalisco, específicamente en Teuchitlán, se ha destapado una de las peores atrocidades que uno podría imaginar en un país ya de por sí marcado por la violencia y la impunidad. El Rancho Izaguirre, aparentemente una finca aislada en las montañas de Jalisco, ha sido revelado como un infierno de tortura, exterminio y abuso. Los hallazgos de los colectivos de búsqueda de desaparecidos en este lugar han desbordado la frontera de la indignación nacional e internacional, dando cuenta de un centro de exterminio que recuerda, en su brutalidad, los campos de concentración nazis. Las víctimas, según los testimonios y pruebas recabadas, son personas reclutadas bajo engaños, forzadas a entrenar para ser parte del crimen organizado, y luego sacrificadas, como si fueran piezas descartables de un sistema infernal.

Los hallazgos en el Rancho Izaguirre son tan escalofriantes que es imposible no pensar en lo que representó Auschwitz, el siniestro campo de concentración nazi, que sirvió como laboratorio para la perversión humana. En Teuchitlán, no se trata de una ideología genocida, pero sí de la misma deshumanización que los criminales del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) aplican en su búsqueda insaciable de poder y control. Al lugar llegaron los Guerreros Buscadores de Jalisco, quienes, en un ejercicio doloroso pero necesario de recuperar a sus seres queridos desaparecidos, descubrieron cientos de objetos que pertenecieron a víctimas: desde zapatos y documentos de identidad hasta restos humanos calcinados. Y no se quedó ahí. Tres hornos crematorios, de esos que uno asocia con los peores escenarios de la historia, fueron encontrados en el rancho, evidenciando la magnitud del crimen.

Testimonios de sobrevivientes han revelado la magnitud del horror: torturas, asesinatos, mutilaciones y abusos sexuales, que incluyen incluso casos de pedofilia. No basta con la descripción de las víctimas, muchos de los cuales fueron reclutados bajo falsas promesas de empleo, sino que la metodología con la que el CJNG ejecuta sus crímenes es inquietante. El rancho no solo era un lugar de muerte, sino también de adiestramiento, donde jóvenes eran brutalmente entrenados para integrar las filas del cártel. La violencia no tiene límites: los testimonios apuntan a un sistema que no solo sacrifica vidas, sino que las convierte en mercancías prescindibles.

A pesar de las evidencias, el CJNG ha tenido la desfachatez de desmentir su implicación en el centro de exterminio. En un video atribuido al grupo criminal, se acusa a los colectivos de búsqueda de difundir información falsa, un movimiento digno de una organización que, en su impunidad, se ve a sí misma como intocable. “No es nuestro”, aseguran, como si su responsabilidad no estuviera escrita en cada uno de los rastros dejados en el rancho.

El hallazgo ha provocado la indignación no solo en Jalisco, sino en todo México. La presidenta Claudia Sheinbaum, ante la magnitud de los descubrimientos, ha calificado los hechos como "terribles". Pero más allá de las condenas de los funcionarios, lo que está claro es que la sociedad mexicana está cansada de promesas vacías y de una guerra contra el crimen que parece no tocar nunca el núcleo del problema. El Estado mexicano no solo enfrenta una guerra contra el narcotráfico, sino contra una estructura de impunidad que va más allá de los cárteles, infiltrándose en las instituciones que deberían ser las encargadas de garantizar la seguridad y la justicia.

La descomposición que se vive en Jalisco, y en muchos otros estados del país, no es solo un reflejo de la guerra entre cárteles. Es la manifestación de un sistema fallido, donde la justicia parece ser un concepto distante para las víctimas y, en algunos casos, incluso para los propios perpetradores. La denuncia internacional ante el hallazgo en Izaguirre solo resalta el aislamiento de un país que se ha acostumbrado a convivir con la desaparición forzada como una especie de normalidad.

Un hallazgo como el de Izaguirre no es una anomalía aislada, es un síntoma de una enfermedad más profunda que afecta al cuerpo social y político de México. Los desaparecidos, muchos de los cuales son ciudadanos que nunca imaginaban que el Estado los abandonaría a su suerte, siguen siendo invisibles en un sistema que no se atreve a cuestionar a los responsables. Los colectivos de búsqueda, en su valentía, han logrado destapar lo impensable, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién va a hacer justicia por ellos?

Y la respuesta es dolorosamente clara: mientras las autoridades no comprendan que la impunidad y la corrupción en todos los niveles de gobierno permiten estos crímenes, las fosas clandestinas seguirán siendo el triste testimonio de un México que ha perdido el rumbo. Mientras tanto, el Rancho Izaguirre, junto con su horroroso legado, seguirá siendo un recordatorio de que no basta con condenar los crímenes, sino que se necesita acción. Los hallazgos en Jalisco no son solo un llamado a la justicia, sino una llamada urgente para cambiar el rumbo de un país que ya no puede darse el lujo de ser indiferente ante el sufrimiento de sus propios ciudadanos.


xxx Editado por JULIO ZENÓN FLORES SALGADO.- Comunicólogo, especializado en periodismo político www.facebook.com/trasfondoinformativo, Youtube@JulioZenonFlores, Twitter@trasfondoin, e mal: zenon71@hotmail, Whatsapp 7441054888

Publicar un comentario

0 Comentarios