BAJO FUEGO
La reciente decisión del Instituto Electoral
del Estado de Guerrero que dictaminó el retiro de la propaganda engañosa de
cuatro aspirantes a la gubernatura, puso en la mesa de discusiones la conducta
abyecta de la mayor parte de los pretensos que, sin rubor alguno, ofenden
inteligencia y dignidad de los guerrerenses.
A petición de parte, el IIEG analizó la
propaganda personalizada que con distintos pretextos hicieron circular los
interesados en diferentes espacios de presencia pública como espectaculares,
toldos traseros de los camiones y otros
medios diversos.
Como consecuencia del análisis, lo que
resultaba más que obvio, la institución llegó a la conclusión de que los
denunciados -Sofío Ramírez, Cuauhtémoc Salgado, Sebastián de la Rosa y Javier
Saldaña- estaban protagonizando una campaña política fuera del periodo
electoral autorizado, lo que resulta sancionable por las leyes.
Al margen de las preferencias que cada quien
pudiera manifestar por tal o cual aspirante a la gubernatura, lo que es
perfectamente legítimo, resulta destacable la conducta personal de quienes
pretenden ser candidatos a la gubernatura del estado de Guerrero: la inmensa mayoría
ha optado por la desmesura, el engaño y la desvergüenza, lo que confirma la
degradación de la clase política y de sus partidos, que más parecen bastiones
de delincuencia organizada.
Si bien fueron denunciados cuatro personajes
políticos -lo que incluye al rector Javier Saldaña Almazán, quien simplemente debiera
ceñirse a su labor sustantiva al frente de la universidad-, el caso es que la
instancia electoral está obligada a sancionar a otros sujetos que se consideran
con atributos para disfrutar de las mieles del poder público: César Flores
Maldonado, Ricardo Taja, Rubén Figueroa Smutny, Angel Aguirre Herrera, Armando
Ríos Piter, entre otros.
Este tipo de maniobras, que se escudan en
argumentos risibles si no se tratara de un tema relacionado con la gobernanza,
sólo confirma que la clase política guerrerense en su conjunto ha incursionado
en los territorios del cinismo, simulación, degradación política y el delito inclusive.
En este último punto en particular la
cuestión política adquiere un matiz verdaderamente preocupante porque implica
un proceso de descomposición en perjuicio de la ciudadanía.
Para los que no estén enterados, en la
Procuraduría General de la República como en la instancia local se han
enderezado sendas investigaciones sobre alcaldes y funcionarios de quienes
existe presunción probable de asociación con grupos de delincuencia organizada,
indagaciones que esperemos se hagan públicas en fechas no muy lejanas para
efecto de que se sancione a los responsable, sean quienes sean.
Sobre estas
asociaciones ocasionales y de conveniencia, las investigaciones podrían
alcanzar a quienes desde los partidos políticos dieron su anuencia para las
postulaciones de alfiles de la delincuencia, lo que implicaría a liderazgos en
el PRI, PAN y PRD. Todos ellos debieran ir a parar a la cárcel, no a la
gubernatura.
Estos procedimientos de investigación, si en
realidad se pretende sancionar estas conductas, tendrán que hacerse públicos
antes de que arranque el próximo proceso electoral de 2015 para efecto de
sanear el ámbito político que ya huele a putrefacción.
El caso es que el plazo establecido por la
instancia electoral venció el fin de semana y, aunque algunos actores
respondieron que retirarían su propaganda, siguen circulando muchos espacios
publicitarios lo que incluye a algunas revistas como 99 Grados, la que se prestó a difundir los espectaculares con la
foto de Sofío Ramírez en portada.
En este contexto llama la atención la
postura adoptada por Sofío Ramírez -quien al parecer se considera a sí mismo el
delfín del gobernador para la gubernatura (ja)-, que se negó a retirar sus más
de 150 espectaculares y demás publicidad porque, dijo, son espacios
promocionales de la revista. Sí, cómo no.
Claro que se trata de un acuerdo entre la
revista y el senador para promocionar su imagen mediante un provechoso contrato
publicitario en el resultan beneficiados
ambos, pero el dinero lo pone el legislador que quiere ser gobernador. Para
ello, invocan el respeto a la libertad de expresión. Claro: ninguna instancia
oficial podría reconvenirlos mientras hacen de las suyas, pero desde luego que
se no se trata de libertad de expresión sino de negocios al amparo de ella.
Lo mismo sucede con Sebastián de la Rosa, el
padrino político del alcalde de Iguala al que acusan de ser autor intelectual y
material de la muerte de Arturo Hernández Cardona. Como dirigente estatal del
PRD, De la Rosa Peláez se sometió a los más caros caprichos del gobernador
Zeferino Torreblanca Galindo, quien terminó desmantelando a ese partido que,
por entonces, representaba la izquierda en Guerrero. Fue, pues, un dirigente
sumiso y espurio.
Cuauhtémos Salgado, el mayordomo de los
Figueroa, pretende ahora encabezar los destinos de Guerrero y, con toda
premeditación, ordenó una campaña de afiliación a su partido, el PRI, pero sólo
como pretexto para publicitar su imagen.
Es distinto el caso de Javier Saldaña, quien
como rector de la UAG ha desempeñado un papel emprendedor, pero no necesita
publicitar su imagen personal. Para dar a conocer los logros de su
administración existe el espacio legal del Consejo Universitario, donde cada
año debe comparecer a informar sobre su gestión. Nada tiene que hacer en la
calle dando a conocer su trabajo, que le atañe sólo a los universitarios.
Todos se sintieron ofendidos por la decisión
del IIEG, pero todos tendrán que acatar, les guste o no. En caso contrario, la
instancia electoral estará en condiciones de negar el registro a la
candidatura.
Otros aspirantes mencionados líneas arriba
tendrán que afinar sus estrategias para estar en condiciones de competir,
aunque con honestidad la percepción que se tiene de todos los pretensos dista
mucho de ser honorable. La caballada está flaca, decía el
Figueroa conocido como El tigre de
Huitzuco. Así es, la caballada está flaca aún entre sus propios hatos.
Falta saber cómo procederán los demás
pretensos citados aquí, así como los no citados, como Manuel Añorve y Luis
Walton, que están coordinando sus respectivas estrategias pero que con
seguridad se llevarán una sorpresa monumental.
La
ciudadanía, aquí, es la que menos interesa, pero este proceso comicial será
atípico y pronto conoceremos porqué. De ahí derivarán las sorpresas en ciernes.

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