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Acapulco: el pánico en la calle

Acapulco: el pánico en la calle
EDITORIAL DE TRASFONDO


Hace ya algunas semanas que las calles de la zona turística de Acapulco muestran una extraña fluidez nocturna; en las colonias se percibe un aire de miedo. La escasa luz de las luminarias apenas permite ver uno que otro carro de empleados vespertinos que se dirigen a sus casas. Es el pánico instalado en la calle.
Es extraño, pero no nuevo para los acapulqueños, ver en fin de semana las calles casi vacías, pese a que normalmente es cuando viene el turismo. Esta vez, sin embargo, no son carros de turistas los que faltan, son los del transporte público, que han tomado sus decisiones en base a la ola de inseguridad que les ha pegado de un tiempo a la fecha.
En diversas colonias de la ciudad se habla de un virtual toque de queda. En Icacos por ejemplo, la delincuencia organizada ha obligado a los transportistas hasta a cambiar el tipo de vehículo y los que no estuvieron de acuerdo o no tuvieron dinero para hacerlo, se vieron obligados a dejar de circular. Ellos mismos decidieron que a partir de las ocho de la noche suspenderían el servicio. Icacos está poblado, en su parte alta, por empleados de tugurios y discotecas, ahora sufren de falta de transporte nocturno para llegar hasta sus casas.
Así pasa también en Renacimiento, en La Zapata, en La Jardín, en La laja, en Morteros. No es tanto que la gente de a pie tenga miedo, es que los transportistas tienen miedo y sin ellos, el ciudadano normal no se puede mover, a menos que tenga auto propio.
Muchos recuerdan ese fenómeno hace unos cuatro años. Acapulco tenía sus calles vacías.
La diferencia entre entonces y ahora, es que lo que si circula, son las decenas o cientos de camionetas de la policía federal, soldados, marinos, gendarmes y policías estatales, los que extrañamente tienen una presencia permanente, pero nunca están cuando ocurren los ataques armados que ahora parecen tener objetivos económicos precisos. En la zona turística, precisamente. Si viviéramos una guerrilla, se diría que esa guerrilla pretende golpear la economía del gobierno para provocar una insurrección popular y la caída de ese gobierno, el de Evodio Velázquez Aguirre, el joven perredista que le ganó al PRI y a MC aliados, hace apenas cuatro meses.
Pero como no hay guerrilla, entonces habría que pensar en otra cosa.
Otra cosa que por fuerza tendría que tener la indiferencia o la complicidad de las fuerzas armadas que están en la zona turística, pero que hacen como que no están, como no sea para tomar fotos y difundir ampliamente hechos trágicos en los objetivos económicos, para sembrar, miedo, terror, pánico, no en la población local, sino en el turismo, por eso ahora los ataques han sido en la playa, en centros comerciales, plazas de lujo y centrales de autobuses.
Mientras escribo esta columna soy informado de una balacera junto a Sears, otra de las tiendas departamentales de lujo en Acapulco.
El panorama real indica que los ataques son planeados. Ya no es tanto eso de que la guerra entre bandas por el territorio está dejando los muertos, pues ahora éstas elijen zonas estratégicas para dirimir sus diferencias a balazos y eso ni en la ficción es creible.
Otro elemento a considerar es el escándalo surgido por una declaraciones del fiscal general del estado Xavier Olea, ante un grupo ciudadano, sobre la falta de resultados de los operativos de las fuerzas federales en las calles. Todo mundo protestó, pero la realidad está ahí.
No quisiéramos pensar en que aquí pueda llegar a ocurrir lo que ocurre en Batopilas, un singular sitio turístico de Chihuahua, donde solo trabajan algunos guías de turistas, autorizados por el crimen organizado,  los hoteles no reciben tarjetas de crédito, es normal que sicarios paren en cualquier parte a los taxistas que llevan pasajeros y les pongan la pistola en la cabeza para que revelen a donde van y a quien llevan en el taxi y donde, rumoran entre si los propios guías, los mismos que los paran como sicarios, cuando les toca el turno andan uniformados.
Quienes dirigen estas acciones contra Acapulco, quizás contra el alcalde Evodio, al que temen se consolide rumbo al 2018, deberían entender que se están dando un tiro en el pie. Que si siguen por ese camino no solo acabarán la reputación de Evodio, al que acusan de no hacer nada contra la inseguridad (contra este monstruo donde se amalgaman tantas fuerzas nadie podría, menos un solo municipio) sino con Acapulco. Y si esperan con eso ganar políticamente la ciudad, deben saber que solo ganarán despojos.
La única salida visible al panorama actual es una estrategia cerrada, individual, de todas las fuerzas estatales al mando del Fiscal, con las fuerzas federales y las municipales, bajo la coordinación de un ente local, que puede ser el presidente municipal o alguno de sus asesores en materia de seguridad. Solo las fuerzas de seguridad, sin mandos políticos. Podría ser una salida.


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